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jueves, 16 de junio de 2011

Realidad disminuida



No acabo de comprender la realidad, y mucho menos acierto a manejarme con ella (de hecho, me cuesta incluso aceptarla) y ahora van y me la aumentan. Si la realidad a secas ya me desborda, figúrate tú si me la mojan. ¿A qué viene eso de la realidad aumentada? ¿Aumentada respecto a qué? ¿le han puesto una lupa? O el rollo de la pantalla de tres dimensiones. ¿Es que no saben que desde Einstein vivimos en un mundo cuatridimensional que no hay Dios que maneje? Yo ya tenía problemas con lo tridimensional, varias veces me perdido en el pasillo de casa y he tenido que llamar a mi esposa al móvil para que venga a buscarme, que desde entonces voy al baño con brújula, porque hay días que al final del pasillo vuelve a estar el salón que acabo de dejar atrás. Creo que tengo un agujero de gusano en el pasillo, pero ese es otro tema. Ahora estoy empezando a tantear lo cuatridimensional, lo que me ha llevado al inquietante descubrimiento de que algunos de mis recuerdos pertenecen a Joaquín Méndendez Ortiz, un notario de Murcia, que se me cuela en flashbacks tan inesperados como subrepticios, y es un muermo de tío. No paro de recordar a su mujer en faja color carne, una cosa más fea que la posguerra. Y al parecer eso es lo más excitante que ha visto el notario en su vida, porque lo demás son trenes pasando.
Joaquín. Sí, tú, Joaquín, a ti te digo. Como se te ocurra solazarte manualmente con la imagen de mi sacrosanta esposa en bolas en la playa de Menorca, la tenemos, que sé dónde vives. Cuando se te aparezca, haces un doble flashbacks y te pones a ver pasar tus putos trenes. Y dile a tu mujer que coma menos torreznos, que cada vez que se me aparece ocupa más horizonte que el mar, que no la abarco ni por partes.

Frente a eso, me plantan un tucán en un papel y ¿qué? Nada. Me pasa lo que a la niña de la foto. Lo que me aterra es descubrir a mi espalda las cabezas de tres fantasmas.

A las autoridades se lo reivindico, disminúyanme la realidad, que ya me viene grande.

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